
Definitivamente nadie nos enseña a ser profesores, los cursos de técnicas y estrategias pedagógicas cursadas en la Facultad al confrontarse con la realidad del aula resultan difíciles de aplicar, sólo la práctica nos muestra como lograr que nuestros alumnos aprendan.
El paso del tiempo nos da la experiencia de conocer la mejor manera de acercarnos a nuestros alumnos y de trasmitirles lo que sabemos. Sin embargo, la actitud del docente es bien importante, ya que será la actitud la que impuse el transito del novato sin experiencia, con miedos y sin formación pedagógica al profesor comprometido que se desempeña con alegría, que valora su trabajo y que conoce la influencia de su actuar en los estudiantes con los que interactúa. La apertura de nuestra sesión de clase es fundamental, muchas veces como maestros tememos perder 5 o 10 minutos introduciendo el tema, y entramos en “frío” al desarrollo del mismo, sin embargo, en la medida que hablemos de la trascendencia y la utilidad que el contenido que vamos a abordar tiene, mayor interés y motivación le vamos a provocar al alumno. Establecer una identidad profesional es muy importante, porque es establecer tu propio estilo de trabajo. Muchas veces como docentes asumimos papeles ya vividos, el del profesor estricto que tuvimos en la primaria o el buena onda de la secundaria; es importante reconocer que cada docente debe tener una identidad profesional propia.
La comunicación en el aula es fundamental, conocer a nuestros alumnos, e identificarlos como seres individuales con personalidades y contextos diferentes definitivamente nos ayuda a comprenderlos y propiciar una buena comunicación con ellos.
Hay un hilo muy delgado entre el maestro buena onda y el maestro “barco”, la disciplina y control de grupo no tiene nada que ver con la imposición y autoritarismo dentro del aula, el tener alumnos “robotizados” no garantiza aprendizaje. El control y manejo de un grupo tiene que ver con la autoridad moral que un docente se gana con su trabajo y desempeño dentro del aula y de la empatía que provoque entre sus alumnos. El respeto no se impone, se gana.
Es bien importante considerar el nivel cognitivo de los alumnos, y seleccionar el lenguaje que se utilizará, para asegurarnos que se genere aprendizajes y conocimientos verdaderos y no solo se vuelvan receptores de información abstracta que no comprenden.
El desafío de ser maestro esta en asumir la responsabilidad de la formación y educación de un alumno y de las consecuencias que nuestro actuar tenga sobre el, buena o mala. La influencia del docente no termina al finalizar un nivel educativo, perdura por toda la vida.
El paso del tiempo nos da la experiencia de conocer la mejor manera de acercarnos a nuestros alumnos y de trasmitirles lo que sabemos. Sin embargo, la actitud del docente es bien importante, ya que será la actitud la que impuse el transito del novato sin experiencia, con miedos y sin formación pedagógica al profesor comprometido que se desempeña con alegría, que valora su trabajo y que conoce la influencia de su actuar en los estudiantes con los que interactúa. La apertura de nuestra sesión de clase es fundamental, muchas veces como maestros tememos perder 5 o 10 minutos introduciendo el tema, y entramos en “frío” al desarrollo del mismo, sin embargo, en la medida que hablemos de la trascendencia y la utilidad que el contenido que vamos a abordar tiene, mayor interés y motivación le vamos a provocar al alumno. Establecer una identidad profesional es muy importante, porque es establecer tu propio estilo de trabajo. Muchas veces como docentes asumimos papeles ya vividos, el del profesor estricto que tuvimos en la primaria o el buena onda de la secundaria; es importante reconocer que cada docente debe tener una identidad profesional propia.
La comunicación en el aula es fundamental, conocer a nuestros alumnos, e identificarlos como seres individuales con personalidades y contextos diferentes definitivamente nos ayuda a comprenderlos y propiciar una buena comunicación con ellos.
Hay un hilo muy delgado entre el maestro buena onda y el maestro “barco”, la disciplina y control de grupo no tiene nada que ver con la imposición y autoritarismo dentro del aula, el tener alumnos “robotizados” no garantiza aprendizaje. El control y manejo de un grupo tiene que ver con la autoridad moral que un docente se gana con su trabajo y desempeño dentro del aula y de la empatía que provoque entre sus alumnos. El respeto no se impone, se gana.
Es bien importante considerar el nivel cognitivo de los alumnos, y seleccionar el lenguaje que se utilizará, para asegurarnos que se genere aprendizajes y conocimientos verdaderos y no solo se vuelvan receptores de información abstracta que no comprenden.
El desafío de ser maestro esta en asumir la responsabilidad de la formación y educación de un alumno y de las consecuencias que nuestro actuar tenga sobre el, buena o mala. La influencia del docente no termina al finalizar un nivel educativo, perdura por toda la vida.

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